Ya es inminente. El acuerdo está hecho y la próxima semana se viene la firma. Es el cambio de departamento.
Creo que era necesario decir algo importante al respecto: no han sido en vano los 4 años y medio en los que viví aquí… Partí literalmente con un puñado de cosas: una cuchara, un tenedor, un vaso plástico, un plato, una olla, una colchoneta, una almohada y un saco de dormir y con la ayuda de personas inolvidables.
Era el espacio donde viviría en Santiago, ya que la casa de Quilpué, la de mis padres, era mi verdadero hogar. Pero ya no. Esta es mi casa ahora. Mi propio espacio, mi fortaleza.
Ahora el tiempo nos ve crecer. Ahora comparto la vida con Andrea y eso implica una decisión determinante, es borrar la historia de la que esta guarida fue protagonista, testigo y cómplice, para dejarla en los mas lindos recuerdos. Es tomar cada momento y archivarlo en una cajón que posee una llave que reutilizaré en mi memoria, cada vez que quiera volver atrás para disfrutarlos.
Recordar cada amistad formada: fugaces y de los que tienen raices firmes, cada alegría, las risas eternas y festivas, las locuras, las confesiones sinceras, los amargos sufrimientos, los amores partidos, los apoyos constantes y los hechos secretos. Todo es parte de la memoria de una hermosa historia que físicamente dejaré atrás y solo quedará vivo para proyectarlo con el corazón.
Ahora el lugar será otro. Volveré a escribir un nuevo tomo, pero ya no sólo, ahora es en familia (Técnicamente lo es), y con mis amigos que tanto quiero y que siempre están, aunque yo no siempre puedo estar para ellos.
Si lees esto, y estuviste acá, en este departamento, en este pequeño pero cumplidor cuchitril, compartiendo conmigo alguna risa, o un abrazo, o un feliz momento, te doy las gracias, porque cada uno de esos momentos seguirán guardados como un pequeño trazo de tinta soble esta maravillosa novela vivida.
Un abrazo para cada uno de ustedes.
Y que siga la fiesta.